Fiji siempre me pareció muy lejano. Y lo era. No tanto por la distancia a esas diminutas y cuantiosas islas en medio del Pacífico sino porque siempre lo vi como un lugar para pocos privilegiados. 

En el momento que viajé a este país estaba viviendo y trabajando en Nueva Zelanda con mi visa de Working-Holiday y no conocia mucho pero tenía una referencia que me avergüenza un poco contar pero….vieron la película “The Truman Show”? En esta película, Fiji es el lugar al que Truman (protagonizado por Jim Carrey) quiere llegar porque, cansado de una vida rutinaria piensa que hay más allá de su pequeña ciudad. Algo así me pasaba a mi antes de viajar. Y si bien en la película no sabemos si Truman finalmente logra conocer Fiji, al menos logra romper con su vida estructurada. Y en honor a Truman, yo decidí ni más ni menos que festejar mi aniversario 29 en este lugar. 

La llegada iba a ser a Nadi, en la isla principal de Vita Levu. Calor. Mucho calor. Humedad. Y lo primero era saber qué islas visitar los primeros días. Después de escuchar algunas sugerencias y precios, con mis compañeras decidimos irnos a la más alejada de las islas del grupo de las Yasawas: Nacula.

Después de 5 horas de barco llegamos a una pequeña isla donde solo nos hospedábamos menos de 10 personas. Atendido por locales, con comidas típicas y aguas en todos los tonos de celestes, azules y tuequesas. Hasta ahí lo esperable. Ya sabía que Fiji iba a ser un paraíso, pero fue en esta isla cuando decidimos también visitar la aldea de los locales a solo unos 10 minutos hacia el centro de la isla, donde además de pedir permiso al jefe de la aldea, debíamos cubrirnos hasta las rodillas y no “mostrar demasiado”. En esta primera experiencia, y como “turistas” recién llegadas, decidimos atravesar la aldea e ir por “lo nuestro”: la playa cristalina y desierta. Horas y horas en el agua. Y eso que no soy “playera” para nada…pero que afortunada me sentía. Fue ahí, en esas aguas donde festeje mis 29 y acompañada de niños fijianos de la aldea. 

Pero no solo eso, la cena de mi cumpleaños la concluí comiendo “Lovo”, una de las comida típica de Fiji que consiste en carnes varias como pescado y pollo y verduras envueltas en hojas de plátanos y cocinadas en un agujero en el suelo y cubierto por piedras. No está mal festejar un cumple así no? 

En lo cultural, esta fue la isla que más me gustó…por su originalidad, por la gente que  conocí y por sobre todo porque a pesar de que no había demasiada luz (solo un par de horas al día) había suficiente energía. Fue en ese lugar donde dejé el invierno neozelandés atrás.

En esa isla también tuve la experiencia de presenciar una misa católica metodista a la cual nos acompañaron lugareños y en donde conocimos al jefe de la aldea, la gente vestida religiosamente, lindas morenas y grandes cantores.

La segunda isla en donde paramos fue en Nanuya Island, donde bueno…nos equivocamos de hostel y nos fuimos a uno más caro…hasta ahí todo a favor…hasta que llegó el momento de dejar la isla y nos cobraron la comida 😉 Punto y aparte, el atardecer acá fue muy bello pero el ambiente para mi gusto era muy turístico, aunque disfrute de mi mañana en kayak, un buen desayuno y almuerzo.

La tercer isla fue Quata. A nivel paisajístico era diferente al resto, más rocosa y lo más lindo de esta isla fue el atardecer que no me cansé de fotografiar. 

La cuarta y tan esperada isla fue Beachcomber. Tan esperada como decepcionante. Era la supuesta isla de “la fiesta”. Simplemente encontré adolescentes con ganas de alcohol pero no con muchas ganas de bailar. Y acá pueden discentir pero para mi una fiesta sin baile, no es fiesta! 

La verdad, agradezco no haberme quedado más de 24 horas acá! Ni siquiera tenía una linda playa. Imaginense que lo mejor que me paso aca fue tener wifi… después de varios días de aislamiento.

Y bueno, la última parada de playa (y ya con ganas de llegar a “la ciudad”) llegamos a la isla de Maná…también bastante turístico y con menos originalidad fijiana.

El 40% de la población de Fiji proviene de la India pero cuanto mas alejado de la isla principal Vita Levu, más se puede sentir la pureza de la cultura fijiana. El plan inicial era pasar 4 días en esta isla pero no pude…realmente la inquietud de mis nalgas me llevaron fuera de la playa. 

Por eso, en los últimos días y ya cansada del agua y la playa, y el sol y la arena y sucumdum sucumdum…me senté a observar. Simplemente quedarme sola y en silencio con mis pensamientos.

Fijian style

Me pasó que caminando hacia nuestra habitación veo a un chico de como unos 10 años con la camiseta del Kun Agüero. Qué lejos y que cerca estamos no?. Y entonces un “Hello” inició una interesante conversación con una mujer que estaba con sus bebés sentada afuera en su casa sobre un alfombra hecha con hojas y fue la excusa perfecta para sentarme con ellos y por supuesto con su sobrino, fan del Kun Agüero.

Era lo que estaba esperando. Eso mismo es lo que me gusta de mis viajes. A veces quisiera no ser turista. Poder sentirme parte de esa familia, de ese grupo…pero me acerco lo más que puedo. Me presentó a su familia, sus hijos y muchas preguntas acerca de por qué yo quería conocer el Sudeste Asiático estando en Nueva Zelanda. Y muchas preguntas sobre Argentina ¿Cómo es? Si. Yo también siempre quiero saber ¿Cómo es?.

Y así tras regalarme una pulsera y yo entregarle un billete argentino, nos despedimos. Ese día me despedí de la playas fijianas y de la mejor manera.

Navala village

Otra vez en Nadi, y con la idea fija de visitar Navala, una de las pocas aldeas con construcciones originales fijianas. Por supuesto venden excursiones y nadie te quiere decir cómo llegar. Pero llegamos. Tomando 3 colectivos. Preguntando 101 veces. Pero en el paso final no nos salvamos de ser atrapadas por un “caza-turista” que nos dijo que la única forma de llegar era con él jaja. O sea un taxi. Pero bueno…nos ahorramos mucho más de lo que pensamos y fue…un viaje un poco “acelerado” donde el conductor parece haber olvidado del “Fiji time” y casi nos pierde en las curvas del camino.  Nos dieron ganas de hacer una vaquita y regalarle un envase de liquido para freno…. Los ruidos de esa camioneta y las subidas y bajada no se olvidan.

Con una bolsa de kava en la mano y con ansias de conocer al “jefe de la tribu” llegamos.

Simplemente bella. Hermoso lugar. Hermosas casas. Paz y tranquilidad. Sin ruidos. El calor seguía por supuesto. Una aldea donde fluye el autoabastecimiento.

Y no…el jefe recibió las raíces de kava pero no nos recibió a nosotras. Fuimos atendidas por la mano derecha del jefe. Nada mal no? 

En fin. Tras un recorrido con la esposa del de la mano derecha ( o izquierda quien sabe jaja) hicimos un breve (o al menos más breve de lo esperábamos) recorrido de la aldea. De regreso. Tres buses locales y muuuchooo calooor.

Anteultimo día!

Vamos a Suva! Sisisi la loca de las capitales quería saber que pasaba por allí. Cuatro horas de viaje, tres de horas en Suva, y 4 horas de vuelta! Caminata por los puntos principales, comida, escape de un sospechoso, una foto en la puerta de la casa presidencial, un par de mangos por 1 mango y a regresar!. El paisaje entre Nadi y Suva es increíblemente hermoso. Y a la vuelta, desde el micro que tiene su camino por la costa, mi retina se inpregnó de un atardecer increíble.

Y eso fue Fiji. A veces difícil de plasmar por escrito no solo lo vivido sino también lo sentido.

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